Mirada Atemporal

Sigüenza

Una deriva intensa

Escrito por MiradaAtemporal 14-05-2016 en blancanieves. Comentarios (0)

Quería comentar mi experiencia en Sigüenza. Para comenzar me sentí nerviosa al bajar del autocar, una vez nos separamos me sentí insegura ya que no sabías quién sería tu bruja/o y sospechabas de todo el mundo. Fue una sensación de agobio incluso, mi única intención era huir de cualquier persona que fuera con un pañuelo en la cabeza, para ello me recorrí Sigüenza, que si corriendo, que si atravesando el campo, que si escondiéndome en recovecos, etc. Podría decirse que fue un poco la situación de psicópata que persigue a su víctima, o al menos así lo sentí yo. Iba con mil ojos, sin fiarme de nadie y eso me tenía en tensión constantemente. A pesar de esa tensión me sirvió para ver Sigüenza entero y recrear escenas en mi mente a medida que pasaba por distintos lugares a cerca de Blancanieves como cuando pasé por el castillo, allí había un ventanuco roto y sucio, enseguida recreé la escena del espejo, ¿y si estuviera allí detrás? ¿Quién sabe, verdad?

ventanuco roto - ¿espejo?

Básicamente fue bastante intenso. Hubo un momento que me relajé y miré hacia delante y no había nadie, decido darme la vuelta y de repente por detrás aparece mi bruja y con sus dedos debajo de sus ojos señala hacia mi mirada. No me lo esperaba para nada, me quedé un poco en shock después de lo sucedido, ¿quién me diría a mi que iba a aparecer justo en ese momento?

A lo largo del día encontré muchas Blancanieves, a la hora de la comida dio la casualidad de que nos juntamos 3 Blancanieves y 2 brujos y comentamos un poco nuestras expectativas respecto al día, se nota la diferencia de ser un papel u otro ya que el brujo el único afán que tenía era encontrar a su Blancanieves y nosotras escapar de ellos.

con un maravilloso brujo 


Blancanieves

Yo sólo vi a mi bruja una vez, pero al final de la deriva nos juntamos todos, hablé con ella y una cosa que me dijo fue: mira te tengo guardada en mi funda del móvil y la verdad que me asombró que se quisiera quedar la foto, por supuesto que yo no puse ningún impedimento, al revés.

Mi bruja!!

En cuanto al tema de la llama me quedé pensativa, como de una mini llamita puede salir una tan grande y me gustó bastante.

llama llamita

Esta deriva sí que respondió a mi pregunta, es verdad que las cosas aparecen cuando menos te las imaginas, de hecho lo de la bruja fue de lo que más me lamó la atención pero también este edificio, era un bloque de una urbanización que se llamaba "Las Margaritas" y a la derecha había un cartel que ponía azul y dije anda mira, yo llevo margaritas azules, y aunque es en plan anécdota me sirvió para reforzar lo que estuve incubando durante el viaje.

edificio margaritas


Un día asombroso, lleno de misterios y encantos.

Publicado por: Cristina Curiel López

El viaje de mis pensamientos

Escrito por MiradaAtemporal 06-05-2016 en blancanieves. Comentarios (0)

Recuerdo la primera sensación que tuve acerca de esta prometedora andanza; en mi mente sólo estaba la idea de una Blancanieves inocente y discreta, sencilla y tímida, blanca. Sin embargo mi fondo de armario no me permitía vestir de este color, así que opté por uno más casual a la vez que potente, el azul… la tonalidad del inmenso mar, del brillante cielo, de mi príncipe azul.

Cuando llegamos, recordé la sensación que recorrió mi estómago, una mezcla de espíritu aventurero y miedo a lo desconocido. Al partir, me aferré a un grupo de Blancanieves porque no podía imaginarme envuelta en soledad apartada de las caras conocidas, pero poco a poco, esa mentalidad se desvanecería a medida que nos alejábamos de nuestro punto de encuentro.

Pasado un tiempo de caminata, habíamos recorrido inmensos pasillos, preciosos paisajes, recovecos abandonados y jardines de ensueño. Las dos primeras horas nos sirvieron de huída, hasta que paramos para comer. A partir de ese momento, decidimos separarnos y buscarnos a nosotros mismos. Mientras observaba a mis compañeras alejarse, descubrí que no iba a estar sola, muchos de nosotros nos encontrábamos en la misma situación y no debía obsesionarme con la idea de la desorientación; en ese momento, mi única preocupación se volvió a no ser atrapada por ningún brujo.

El monte y la lluvia tranquilizadora envolvían mis pensamientos. Las golondrinas cantaban en los desgastados tejados del pueblo y revoloteaban al son de mis pasos. Me acerqué  a un pequeño banco situado al lado del imponente castillo, donde me encontré con otra compañera fugitiva. Nos sentamos a charlar de nuestros encuentros con brujos, cuando de repente se acercó un grupo de pañuelos negros. Ante la duda de ser o no nuestras respectivas perseguidoras, nos dispusimos a correr hacia la zona posterior del castillo. A la voz que gritaba mi nombre, escapé lo más rápido que pude junto a mi compañera diciéndole “¡no mires atrás!”.

Llegamos a una verde colina desde la que se podía ver el pueblo entero, donde hicimos fotos y vídeos esperando a la retirada de las brujas. Un poco más tarde, decidimos rodear el castillo, cuando de repente nos topamos con el grupo “de negro”, con la mala suerte de que una de ellas era mi bruja, que había tenido la misma idea de tomar ese camino al ver que no dábamos media vuelta y me encontró.

Todo esto para sentir nuestro papel representado de una persona buena o una persona mala, de los pensamientos positivos y negativos, de las virtudes y defectos de cada uno. Este acontecimiento me hizo recordar que el miedo también nos mueve, que no hay Blancanieves sin bruja, al mismo tiempo que no hay bruja sin Blancanieves.

Sin duda, una experiencia difícil de olvidar.

Publicado por Virginia García Coretti