Un bonito comienzo

Escrito por MiradaAtemporal 16-02-2016 en Meditación. Comentarios (0)

Para empezar creo que es importante explicar brevemente qué es lo que hacemos aquí. Pues bien, acaban de comenzar las clases de nuestro segundo cuatrimestre, y la creación de nuestro blog me impulsa a esforzarme por transmitirte a ti y a todos los que sigáis nuestras palabras lo que estamos a punto de vivir. Llenos de ilusión y nerviosismo vemos por primera vez a la que va a ser nuestra profesora de la asignatura de plástica, con una sonrisa de oreja a oreja que brilla por sí sola. Hoy es el día en que despegamos hacia una nueva y emocionante experiencia en nuestra carrera universitaria.

Meditación, fuente de equilibrio

Inquietante pensar como una clase puede hacernos conectar tan de lleno en la esencia de la materia, en aquello que estamos a punto de aprender. Me refiero a como hemos llevado a cabo la introducción a esta asignatura tan misteriosa y diferente, porque “plástica” en este caso no es solo plástica, es mucho más que eso.

Alguna vez he hecho meditación. Ya me lo decía mi madre, todos sus beneficios, la capacidad de controlar la mente y acallarla por un instante, recorrer el mundo sin levantarse de la cama, revivir nuestras pasadas vidas… Es cierto que, aunque me cuesta bastante concentrarme, me intriga la idea de absoluta armonía y serenidad de espíritu.

Cerramos los ojos. Poco a poco comenzamos a sentir la relajación por todo nuestro cuerpo. Podíamos oír una voz tranquilizadora que nos guiaría a lo largo de todo el proceso. Nos hablaba de crear nuestros propios espacios ideales, aquellos en los que únicamente importaba la felicidad. El mío se encontraba rodeado de agua, azul y cristalina. Todo estaba en calma, flotando a la deriva me encontraba en un estado de plena conexión con la naturaleza, la sensación de vida me inundaba a medida que la suave brisa de verano rozaba mi piel. A mi lado una cara conocida con un aura a su alrededor de un tono azul intenso y brillante. Me sumergía en un mundo perfecto en el que las tonalidades verdes y azulinas acompañaban el sentimiento de bienestar. No importaba nada, no existían preocupaciones ni malestar, sólo reinaba una paz inmensa. Me aventuro a decir que aquel fue uno de los momentos más felices de mi vida, y mi mente me llevó de nuevo a esa escena, quiso recrear durante la media hora de meditación todo lo que sentí en ese instante. Y finalmente sin quererlo, lentamente desperté y abrí los ojos.

Publicado por Virginia García Coretti